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lunes, 16 de marzo de 2020

Biblia Grado Undécimo Primer Periodo


Semana uno (marzo 16 al 20)

Lee el siguiente tema y elabora un archivo de word y pega en tu cuaderno un cuadro comparativo entre las características del Evangelio y el Humanismo.

EL EVANGELIO Y LAS FILOSOFÍAS HUMANISTAS
"Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo.”  Colosenses 2:8
¿Qué es el humanismo?
El humanismo es una corriente de pensamiento que rechaza la existencia de Dios y considera al hombre inherentemente bueno, y el ser supremo del universo. Esta filosofía no abraza los valores absolutos que sostienen la fe cristiana, sino que considera estos valores como relativos; variando de persona a persona, situación a situación, cultura a cultura.
Este concepto es totalmente opuesto al cristianismo. Se trata de dos sistemas de pensamiento incompatibles y mutuamente excluyentes, y sus efectos en la sociedad son totalmente discrepantes.

El humanismo y el evangelio contrastan en 5 áreas principales:
  1. El concepto de Dios: el pensamiento humanista niega la existencia de Dios.
  2. El origen del mundo:  evolución vs. Creación.
  3. La naturaleza del hombre:  de acuerdo a los humanistas el hombre es inherentemente bueno, no es pecador.
  4. La moralidad y los valores: la ética y los valores son situacionales y circunstanciales; relativos.
  5. La vida después de la muerte y el juicio divino: No existe vida después de la muerte; no hay cielo ni infierno.
Este marco de ideas es antropocéntrico y es responsable del deterioro en la cultura. El conflicto entre el humanismo y el evangelio es de amplio alcance. Impacta los estándares de conducta (vivimos en una sociedad altamente permisiva y tolerante, que promueve el YO), el valor de la vida humana (abortos, infanticidios, eutanasia), y las ideas sobre la sexualidad (libertad sexual, homosexualismo, lesbianismo, fluidez de género), cosas que la Biblia expresamente prohíbe, entre otras cosas.
El temor del Señor es el principio de la sabiduría; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción. Proverbios 1:7
El cristianismo enseña conceptos totalmente contrarios. Creemos en la existencia de un Dios eterno que ha creado el mundo de la nada y está llevando a cabo Su plan de salvación a través del sacrificio, muerte y resurrección de Jesucristo. Creemos que la Palabra de Dios es Su revelación, es inerrante, autoritativa y es la Verdad absoluta, la piedra angular sobre la cual se fundamenta todo lo que existe.  La sabiduría humana, tan alabada por los hombres, es rechazada por Dios (1 Corintios 3:19-212:61:19-21). Y debemos dejar en claro que Dios ha trastornado “la sabiduría (lit. sofía, de donde viene nuestro vocablo filosofía) de este mundo” (1 Co. 1:20).
Cristo dijo: Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:13-16)
El evangelio nos invita a vivir contraculturalmente. Haciendo esto, estaremos siendo luz para los que observan.
Te animo a transformar tu mente con la Palabra (Ro. 12:2) y derribar todo argumento que se levanta contra el conocimiento de Dios (2 Co. 10:5), confiada en que “su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,  por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia. (2 Pe. 1:3-4)
LA RESPUESTA DEL EVANGELIO FRENTE AL HUMANISMO
¿Por qué el humanismo, con su énfasis en colocar al hombre como centro del universo, no ha dado con la solución a los problemas del corazón humano?
Para responder a esto, y a riesgo de simplificar demasiado, necesitamos ver que hay dos errores básicos que el humanismo comete en sus diversas corrientes.
El primer error es creer que el hombre es altruista y bueno por naturaleza. Más bien, en realidad, tenemos un corazón malo. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). Esto no debe sorprendernos si somos honestos ante la historia de la existencia humana, llena de maldades y horrores.
Luego de eso, el segundo error de los humanistas es no dar crédito a la Palabra de Dios, que es viva y eficaz (He. 4:12). Ella no nos provee solo de un comentario cabal sobre la miserable y depravada condición humana, sino que principalmente nos ofrece la única solución definitiva para la desgracia de nuestra maldad: el evangelio.
Cómo podemos cambiar en verdad
La única manera en el universo en que podemos cambiar en realidad es por medio de aceptar y creer la verdad de Dios y su plan de redención en Jesucristo. Así lo enseña Juan 1:10-13.
“El estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de El, y el mundo no Lo conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no Lo recibieron. Pero a todos los que Lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios”.
Solo así, por la gracia de Dios, podremos ver el mundo y la vida de otra manera, y esto como resultado de haber renacido espiritualmente. El amor a Dios, el mismo que se requiere para amar al prójimo, no es algo que tenemos por naturaleza. El Señor tiene que realizar una obra en nuestro interior para que seamos investidos con tal amor, que es fruto del Espíritu Santo cuando viene a morar en nosotros (Ro. 5.5Gá. 5.22Ef. 5.1-2).
Entonces, para que podamos amar, necesitamos que Dios transforme nuestros corazones. Moisés escribió de esto cuando dijo: “Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas” (Dt. 30:6; ver también Jer. 9.26Hch. 7:51Jer. 44:7,9; y Lv. 26.41).
Esta promesa fue comprada por Jesús en la cruz para nosotros. Esto es lo que necesita la humanidad para cambiar en lo más profundo. Solo Dios puede transformarnos realmente.
El humanismo no es suficiente
Recibiremos oposición por ser creyentes. Aun así, no dejemos la verdad de Dios para abrazar ideas opuestas a nuestra fe, o tratar de reconciliar lo que dice la Biblia con ellas. En el fondo, las propuestas humanistas son irreconciliables con la verdad.
Ni la Ilustración, ni las propuestas políticas, ni las propuestas sociales humanistas han funcionado jamás para cambiar el corazón de los hombres. El humanismo no es suficiente; la gracia de Dios revelada en Cristo sí lo es.

Esto debe conducirnos a no desmayar en nuestra comisión de predicar el evangelio de Jesús en un entorno actual lleno de humanismo. Cada vez que se arrepiente un pecador, hay regocijo en el cielo y una nueva vida transformada en la tierra. Todo por gracia, para la gloria de Dios.


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